Cultura empresarial

En España no existe cultura empresarial, y precisamente lo demuestra el que esta sentencia pueda ser usada para que los sedicentes liberales del Partido Popular vengan en proponer a la muchachada frases como la que tanto se reprochó a Berlusconi sobre la dictadura argentina, de la que decía que se libraba de sus opositores “portandoli in aereo con un pallone, poi apriva lo sportello e diceva: c’è una bella giornata fuori, andate un po’ a giocare. Fa ridere, ma è drammatico”. En efecto, en España a los jóvenes se les dice que hay un universo de empleo, garajes de emprendedores, carteles motivacionales e I+D+I ahí fuera y que salgan a jugar, sólo que en lugar de darles un balón se les hace pagar 300 euros al mes sin ninguna garantía de ingresos o se les promete una ayuda a cobrar cuando la empresa ya esté, seguramente, embargada, y con la condición de que la empresa siga existiendo, con lo cual el monto de las ayudas “concedidas” por el Estado y las CCAA podría ser perfectamente el PIB de la UE, porque nunca llegarán a entregarse. Da risa, pero es dramático.

Entre el Estado y la empresa suicida, la única forma de subsistir empresarialmente en España es el asociacionismo y el activismo, figura practicada por los partidos políticos viejos y nuevos, todos con benevolentes fundaciones de las que se saca dinero ya sea para el partido o para su cúpula, que viene a ser lo mismo. Una de estas asociaciones de ciudadanos privados, ETA, ha llegado a ser bastante exitosa: ha generado gran cantidad de filiales y asociadas y se ha infiltrado, por supuesto, en el Estado. Su imagen corporativa es excelente, ya que, aun dedicándose a las mismas actividades que la dictadura argentina de la que hablaba Berlusconi (secuestro, extorsión y asesinato), sus malencarados ejecutivos (aunque ellos prefieren llamarse ejecutores) no sólo no reciben campañas de desprestigio por parte de resentidos y envidiosos de su éxito empresarial (que llevó al CEO de la empresa estatal argentina, Jorge Rafael Videla, a dar con sus huesos en la cárcel), sino que, por clamor popular, ven abierta la puerta giratoria y se pide su ingreso en el Estado, ayudados por el prestigio del brand o marca Mandela. Si bien un Lirios siempre quedará peor en una velada de bebedores elegantes que un Larios, un Mandela siempre hace mejor efecto que un Videla, a pesar de ser Videla el verdadero modelo empresarial del emprendedor Otegui, por más que Winnie Mandela fuera condenada por el secuestro y apaleamiento de unos chicos en 1991, y acusada en 2013 del asesinato de un “chivato” del tipo de Yoyes en 1988.

ese mandela shurmano

Poner la botella de Larios sobre la mesa nos recuerda que sí hubo una cultura empresarial y financiera en España, llena de emprendedores que acabaron siendo marqueses, como el Marqués de las Marismas del Guadalquivir, el Marqués de Salamanca o el Marqués de Larios. No hay mucho que se pueda imitar en nuestros días de tiempos tan oscuros como el siglo XIX, en los que hay empresarios humanos, menos humanos y demasiado humanos, pero en ningún caso un modelo de buenas prácticas empresariales. Por ejemplo, Henry Tate es loable por su filantropía y promoción de la cultura, y por su admiración por lo ingenioso, que lo llevó a comprar una patente para hacer terrones de azúcar que fue uno de los mayores secretos de su éxito. Sin embargo, aunque sus herederos sostengan que no pudo beneficiarse de la esclavitud, ya que la esclavitud no existía en Inglaterra, en Inglaterra no tenía plantaciones sino refinerías, y es absolutamente imposible que todos los trabajadores que cortaron caña para Tate y sostuvieron su imperio se hallaran en óptimas condiciones laborales, sanitarias y sociales, a pesar de que, precisamente por poseer tal imperio, que le valió un ennoblecimiento que rehusó muchas veces, podía haber cambiado esas circunstancias, a diferencia de las empresas más modestas que no pueden permitirse el esfuerzo de indagar ni de imaginar siquiera cómo se extraen los metales presentes en su maquinaria más elemental y necesaria.

marques de salamanca

Del Marqués de Larios, por ejemplo, le cuenta Pablo Iglesias a Engels que “Más de 4.000 tejedores, entre mujeres, niñas y hombres luchan en este momento contra un millonario explotador que quiere obligarles a que disuelvan su Asociación. Los huelguistas son valientes y a poco que podamos auxiliarles no se rendirán a su explotador. El dueño de la fábrica, marqués de Larios, es uno de los principales capitalistas de España y hombre que ha arruinado a multitud de pequeños burgueses y que arruina aún a muchos otros” (Enrique Moral Sandoval, Pablo Iglesias: Escritos y discursos. Antología crítica, Santiago de Compostela, Sálvora, 1984). Nuestros empresarios son, por tanto, figuras siempre polémicas. Por lo menos, y afortunadamente, no se ennobleció al emprendedor Pedro Blanco, aunque el Estado sí que protegió y defendió hasta la extenuación sus supuestos derechos.

lino

¿Con qué modelos empresariales contamos hoy? Sigue habiendo marqueses, desde luego, como el recientemente fallecido Marqués de O’Shea, aunque fuera consorte. Juan Carlos I premió con un marquesado a muchos empresarios y financieros. Tenemos así al Marqués de Crémenes, al Marqués de Pereira Coutinho, al Marqués de Villar Mir, al Marqués de Asiaín, al Marqués de la Ribera del Sella, al Marqués del Pedroso de Lara, al Marqués de la Puebla de Cazalla, al Marqués de Águilas. Pero, de manera harto llamativa y plenamente significativa en lo concerniente a la cultura empresarial de los españoles, ninguno de estos marqueses se le presenta a nuestro pueblo como modelo, sino otro, también creado por Juan Carlos I: el Marqués de Del Bosque, al par que Amancio Ortega o Pablo Motos.

Más allá del pueblo llano, los que dicen saber de empresa alaban también a ese tal Amancio Ortega. ¿Quién es ese Amancio Ortega, empresario gallego? Bueno, la respuesta fácil sería decir que un Marqués de Larios con la proyección internacional de un Pedro Blanco. Pero hay muchas interpretaciones sobre él. Esta es la que tienen algunas de sus trabajadoras:

Nada es verdad

Pero, gracias a la magia del plasma, tan apreciada por el también gallego Mariano Rajoy, esta es la imagen que él recibe de estas interpretaciones críticas:

ni nada es mentira

La última imagen se corresponde con la felicitación de sus trabajadores por su cumpleaños, idea que sin duda surgió espontáneamente de una de las muchas costureras bengalíes que trabajan para él y que fue corriendo como la pólvora en forma de mensaje por los terminales de iPhone 6 que pueden permitirse todos sus asalariados hasta desembocar en una divertidísima “flash mob” mundial.

tela

Muchos intelectuales y pensadores han querido felicitar también a Don Amancio, entre ellos Juan Ramón Rallo, desde una tribuna de La Razón (“Inditex: garantía social”) en la que alaba el método empresarial de Ortega y lo exonera de toda culpa al sostener que sus negocios en el Tercer Mundo apenas son el 30% del total de sus empresas (con Rallo, ya sabemos, hay que discutir con estadísticas y gráficos de colores como con los gimnosofistas había que dialogar con figuras) y que los abusos laborales (que son difíciles de negar) no proceden de las empresas de Inditex sino de empresas externas asociadas con su entramado. Grandes excusas: el método con el que empezó Ortega, bastante tercermundista y representado, por ejemplo, en Mi querida señorita de Jaime de Armiñán, no requería infraestructuras, ni inversiones ni subvenciones porque descargaba toda la responsabilidad en talleres ajenos a los que tenía comiendo de la mano, como el Marqués de Larios a los tejedores de Málaga. Mano que cerraba o abría a su voluntad, y su voluntad era más bien cerrarla, con lo que obtenía la máxima ganancia por el mínimo esfuerzo, exactamente igual que hace ahora, sólo que ahora esta técnica le da, además, una brillante capa de esmalte moral. Él no tiene nada que ver con lo que hagan los esclavistas de los talleres que subcontrata, porque ellos no son él, aunque sólo trabajen para él. Él sólo se dedica a prestar su imagen impoluta a escasísimas donaciones y obras benéficas, al igual que Iberdrola hace figurar su sello en libros y placas, mientras que sus esbirros de Progedsa, empresa condenada en 2007 por estafar a una anciana con Alzheimer, llevan en su identificación sólo el sello de esta secta comercial, a pesar de trabajar para Iberdrola. En esa estructura donde tan víctimas son los “comerciales” como sus contactados, se habla en nombre de Iberdrola, pero, si se le pregunta a Iberdrola, ella dirá que no los conoce y que si estaban allí sería porque habían entrado a robar. Una técnica que obligan a seguir a los “comerciales” es impedir que se les vea la identificación (que es, claramente, la de Progedsa) y enseñar el DNI, en una comedia para captar confianzas sacrificando la propia persona.

fundacion_iberdrola

Para Rallo, si Amancio Ortega contratara a una empresa de sicarios y le pidiera que eliminara a su competencia, sin dar más indicaciones, y la empresa presentara un balance de objetivos cumplidos y Don Amancio no hiciera ninguna pregunta, aquí paz y después gloria. Don Amancio no tiene nada que ver en esto, ha hecho lo que haría cualquier empresario y lo que haya pasado son problemas de la empresa subcontratada. ¡Y Rallo es el admirador más civilizado de Don Amancio! En un escalón inmediatamente inferior encontramos a los apologetas que, además de loar al emprendedor, la emprenden a lanzazos contra el enemigo malo con un insulto común, también bastante gallego: para los sectarios liberales, los disidentes con la adoración de Ortega, el Emprendedor, somos Os resentidos.

os resentidos

Bien, esto merece un paréntesis. Huerta de Soto y sus fieles enarbolan “The Treatment of Capitalism by Continental Intellectuals”, de Bertrand de Jouvenel des Ursins, publicado en el libro de Hayek Capitalism and the Historians (Universidad de Chicago, 1954), para dispensarnos el mismo trato que el franquismo propinaba a los revolucionarios: el VII Marqués de las Marismas del Guadalquivir (no el primero, el financiero, sino el artista) intentaba convencer a Chaplin, al comienzo de la guerra, de que los republicanos eran sólo profesores sin discípulos, escritores sin lectores, etc., y Gregorio Marañón (por quien se creó el Marquesado de Marañón) publicó al terminar la guerra su monumental Tiberio: historia de un resentimiento, sin duda la mejor obra que se ha escrito nunca sobre esta pasión dañina. Vittorio De Sica, por su parte, resume en bastante poco espacio la objeción de los seguidores de Huerta de Soto contra los detractores de Don Amancio: “L’indignazione morale è in molti casi al 2 per cento morale, al 48 per cento indignazione e al 50 per cento invidia”, frase que se enseña, con harto buen criterio, a los alemanes que quieren aprender italiano en  Langenscheidt Standardgrammatik Italienisch. Esta crítica puede asumirse: sin embargo, conocidos los horrores vinculados a Inditex en Brasil y Bangladés, ese 2% arroja una cantidad verdaderamente digna de ser tenida en cuenta, así como los míseros porcentajes que Ortega dona de su Riqueza son recibidos con aclamaciones y trompetas en los medios porque, ciertamente, no son el óbolo de la viuda.

“Del cumpleaños de Amancio Ortega al balido de los resentidos” es el título de un manojo de razones que incluye esta: “Estoy totalmente de acuerdo que las condiciones de trabajo en Bangladesh, Camboya, y otros países son miserables y queda mucho por hacer y mejorar. Pero que cientos de miles de personas en esos países pasen de cobrar 30, 40 o 50 euros al mes cómo alternativa a no cobrar nada ya es un gran avance”. Es decir, exactamente las mismas razones que da Evo Morales para defender el trabajo infantil, quitada su loa surrealista según la cual en realidad es bueno porque genera conciencia social.

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No es la única convergencia insólita con el mundo socialista. El escritor ahora ultramontano Juan Manuel de Prada, autor del alabado libro Coños (que incluye algún que otro espécimen menor de edad), propone una solución a la cubana (como el arroz) para el problema de la pederastia: prohibir la pornografía, cosa que, dicho sea de paso, parece no funcionar (privados de pornografía, los cubanos se masturban con películas del ahora liberal Mario Vargas Llosa). Curiosamente, no sólo los liberales de Libertad Digital, sino también los medios de izquierda (a pesar de estar prohibida la pornografía en casi todo el mundo socialista, con alguna excepción como la última Yugoslavia), se rieron de la vinculación de la pornografía con la pederastia establecida por Juan Manuel de Prada, que abusaba de una cita de Chesterton, de quien pretende ser émulo y que, a pesar de su notable obesidad (que es en lo único en lo que Juan Manuel de Prada ha logrado imitarlo con éxito), ya no puede cubrir con su corpulenta figura todos los desvaríos del eternamente joven escritor español. No sé si habrán seguido riéndose después de las nuevas noticias sobre el empresario o tratante de blancas que responde al mal nombre de Torbe, cuyas series de ficción pornográfico-blasfemas conoce con pelos y señales (más pelos que señales) Infovaticana.

edición ampliada

Torbe es, en efecto, un buen modelo de emprendedor, pero poco tiene que hacer frente a la escuela gallega. Los fondos de cohesión europea deberían servir para edificar tres pirámides en honor de las tres encarnaciones del emprendedor gallego sin estudios (Laureano Oubiña, Amancio Ortega y Sinaí González). La imitación perdurable de su ejemplo crearía más puestos de trabajo que todas las patentes españolas desde que se creó registro de ellas.

hermano sinai

A veces son los extranjeros los que tienen que venir a recordarnos nuestro pasado glorioso. A veces no: en realidad siempre. Se debe exclusivamente a los alemanes en particular y a los extranjeros en general (más allá de los judíos de Ámsterdam que seguían representando fielmente los autos de Calderón) el porqué unas comedias de Calderón o Lope, de entre las miles que dejaron, forman parte del repertorio usual y otras no. Schlegel, a quien sigue Shelley, redescubre a Calderón con El mágico prodigioso. Goethe representó El príncipe constante en 1810, lo que derivó en la traducción de Slowacki y en que la obra se siga estudiando en los institutos de secundaria polacos. Pero es, ante todo, Adolf Friedrich von Schack el que establece el canon de nuestro teatro. Fuenteovejuna acaba, gracias a él, traducida y representada en Moscú en 1876, donde se convierte en un clásico perdurable del repertorio ruso. Como siempre, es el reflejo que los españoles sorprenden en el extranjero lo que determina la conciencia nacional.

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Gregorio Mayáns i Siscar pensaba que, al hallarse la historia de Don Quijote en los cimientos de una antigua ermita en letra gótica, prohibida, según su particular interpretación del De rebus Hispaniae de Don Rodrigo Jiménez de Rada (VI, 30), por alfonso VI, y por decir Don Quijote que Belianís de Grecia se ha visto “EN NUESTROS DÍAS” (absurda mayúscula de Mayáns), la intención de Cervantes era situar a Don Quijote en tiempos altomedievales, y que todo lo demás está mal y es anacronismo y descuido del autor. Por supuesto, lo de los cimientos de la ermita es parodia de los plomos del Sacromonte, y lo de “en nuestros días” referido a un personaje que, de todos modos es de ficción, es por comparación con el Rey Arturo y otros personajes más antiguos (y ficticios) que cita Don Quijote. Así que, amparándose en estos pasajes, pasa a explicar que todo, todo, absolutamente todo en la novela, desde las referencias a personajes y cosas del siglo XV a la carta de Sancho a su mujer fechada en 1614, está mal y es incorrecto. De todo esto se infiere que el sabio Mayáns no captaba las bromas, con lo cual fue completamente incapaz de entender el Quijote. Escribió todo esto, además, porque se lo pidió un inglés, Lord Carteret. Los ingleses entendieron mejor el Quijote que los españoles, que parece que siempre han tenido problemas con la lengua.

caupolicán

Igualmente, la leyenda de que Federico el Grande es el autor de la Marcha Real debe de responder, según el descubridor de la versión renacentista de esta marcha, el Profesor García-Valdecasas, a que el monarca y músico ofreció como presente una transcripción de la Marcha Real española para hacer ver a los españoles cuál era el verdadero origen del militarismo prusiano, que no podía ser otro que el militarismo español, origen de uno de nuestros mayores vicios nacionales que, en contra de lo que se dice y decimos, ha sido siempre la tolerancia. Con eso de respetar al enemigo por su valor, fruto de un espíritu militarista (¿a quién sino a un español se le podría haber ocurrido la Compañía de Jesús?), no hemos hecho lo que hacen todas las naciones vecinas, que es matarlos a todos y luego ofrecer sonrisas y censurar a otros, sin dejar hablar a quienes revientan a cañonazos (como a los cipayos). Ni La española inglesa, ni La Araucana son concebibles en Inglaterra o Bélgica. Aquí la intolerancia es la excepción y por eso resuena tanto, como la expulsión de los judíos cuando hacía siglos que todas las potencias europeas los habían expulsado. Si hay quien acusa a España, es porque España lo ha dejado vivir. Aquí inmediatamente todo el mundo se pone de parte del enemigo, como los piratas somalíes, a los que la izquierda considera víctimas de la sobreexplotación de sus mares por potencias capitalistas, a pesar de que quien más se da a la pesca ilegal sea la China roja. Si con dos secuestros la opinión pública se pone de parte de los pobres piratas y se exige a los soldados que vayan desarmados por Afganistán, imaginemos que el Rey dijera que ha matado a 30 talibanes siendo Príncipe, como se dice en Inglaterra con la intención de lavar la imagen de la monarquía. Si por un elefante ya hay que pedir perdón, Felipe VI tendría que acabar abdicando en Cobi o el oso Misha (que no Mitrofán).

Sin embargo, a otros sectores sí que se les permiten ciertas expansiones. Está mal que el Rey cace, pero la sociedad ve mejor que lo hagan insignes juristas progresistas como el ex-ministro Bermejo o el ex-juez Garzón. Está mal que el Estado incurra en espectáculos propios del totalitarismo, pero es estupendo que lo haga la empresa privada. Y son, como siempre, los extranjeros, en este caso los chinos, los que vienen a reconciliarnos con nuestro pasado, en este caso los Coros y Danzas de la Falange, batucadas incluidas.

demostración masiva

Así como la prensa nacional cubría con el espinazo doblado las visitas de los jeques árabes con sus propinas y regalos (el Reino de Arabia Saudita y los EAU son el modelo real de la sociedad hipersubvencionada que pretende Podemos, por más que ellos reciban apoyo de su enemigo estratégico, la República Islámica de Irán), ahora se maravilla del nuevo Mansa Musa, Li Jinyuan, que regala a sus empleados unas vacaciones en España. Con él, claro, y bajo su atenta vigilancia. La generosa medida incluye demostraciones con carteles humanos, desfiles, y muchas fotos de uniforme con el amado líder, y son una alternativa completamente libre a otras opciones decididamente peores como perder el tiempo en casa leyendo o haciendo lo que a cada cual le parezca.

Pero tampoco nos vamos a colgar medallas que no nos corresponden. Por más que se quiera trazar la genealogía de Federico el Grande a Napoleón, de Napoleón a Lenin y de Lenin a Mussolini y Mao, hay que reconocer al comunismo chino el mérito de configurar tanto la empresa privada como el Estado tal como se entiende hoy. Lo diré de una manera simple: RRHH = Maoísmo. El Libro Rojo es un manual de coaching, los juicios políticos con autocrítica son dinámicas de grupo, las consignas revolucionarias son eslóganes, el Camarada Mao es el logo de la empresa, los guardias rojos son jefes de equipo, Marx es Quién se ha llevado mi queso y Lenin es la foto de Steve Jobs. Los que piensan que el Estado es bueno y las empresas son malas, los que piensan que el Estado es malo y las empresas son buenas, los que piensan que son entidades de naturaleza diferente y los que piensan que algunas partes del Estado o de las empresas reales no son en realidad ni Estado ni empresa, sólo tienen un pequeño problema: no saben en qué mundo viven. Especialmente si tienen su residencia en esta parte del mundo llamada España. Quien tiene una empresa puede tener un Estado, especialmente si la empresa es de comunicación, como demuestran nuestros eurodiputados y ciudadanos Kane particulares Ruiz Mateos e Iglesias Turrión, el ex-presidente Berlusconi y Dios no quiera que Donald Trump también. Y quien tiene un Estado puede tener también una empresa aun no teniendo absolutamente ningún talento ni nada que hacer en ella, como demuestran Magdalena Álvarez (en Aviaco) o Ángel Acebes (en Iberdrola).

José María Bellido Morillas

 

 

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