Faldas

Llevo todo un día intentando encontrar un artículo que envié hace años a una revista, titulado Las bragas del General Cecina, dedicado a Evo Morales, pero sin resultado. He hallado la respuesta del robot de la comisión de expertos de la revista, pero no el artículo, y aun la respuesta es de recepción, y no de evaluación crítica: esa ni me ha llegado ni es probable que me llegue. Así funcionan las cosas en las revistas académicas, y así es como preservan la actualidad los artículos.

EVO-MORALES

Trataba en él de la tan famosa como olvidada chompa de Evo Morales, comparando su entrada en la corte de Juan Carlos I con la entrada de las bragas del General Cecina ante el Senado de Roma en el año 69. Mi análisis no andaba lejos del de la revista Pukara y de algunos humoristas mexicanos, que supieron muy bien ver la falsedad de la tal chompa como símbolo étnico y prever el que sería el paso de Evo el indio a los trajes de alta costura reflejo de tradiciones inventadas, entre túnica de “futurólogo” o mago de madrugada televisiva y uniforme de Qaddafi. Mención aparte merecerían, por supuesto, sus actos de coronación, cada vez más napoleónicos y, por tanto, como no dejaba de anotar Bolívar de aquella coronación parisina, cada vez más góticos.

cetros

Han pasado muchos años desde que espero sentado la respuesta del comité evaluador de la revista, las opiniones de los pares ciegos y todas esas monsergas, y desde entonces ha dado tiempo a que un Evo Morales aherrojado al poder, sin chompa y con vestes pontificales de religión andina mixta e irreal pero cuyos tejidos muy pocos bolivianos podrían permitirse, regale al Papa el símbolo híbrido de la Teología de la Liberación de Iberoamérica, o, como llaman sus seguidores, que lo son también de la invasión francesa en los territorios de la América hispana, Latinoamérica. No me extenderé mucho sobre esta doctrina, ya que lo hice en un capítulo de libro que, por la irresponsabilidad de sus editores (de la Universidad de Lodz), aún no se ha publicado ni se publicará, y que llevaba el título (mi colaboración, el del libro inexistente no me importa) San Luis Bertrán contra el reinado del terror (¡qué fácil es dar la razón a los que me dicen que no soy nadie cuando tantos se conjuntan en el esfuerzo en no publicarme!). Repararé más bien en los precedentes jesuíticos de este otro invento de jesuitas (Luis Espinal), recibido como regalo por el primer papa de la Compañía, aunque sus motivos fueron muy diversos.

crucifijo_rojales

K. K. Yeo diserta admirablemente en The Oxford Handbook of Christology (2015, p. 394) acerca de la aclimatación cultural del mensaje de Cristo por los jesuitas en China: “Ricci’s image of a Christ who dressed in the silk robes of the literati attracted the Chinese intelligentsia. Ricci interpreted Confucius to be a moralist and Christ to be a morally perfect Savior. Ricci understood sanctification to be the spiritual moral-discipline of Chinese Christians. The Jesuits’ Christology granted blessings for Chinese Christians to worship Tian (heaven) and their ancestors. When the French Jesuits healed Kangxi (1654-1722), the emperor returned his royal favor to them and wrote a Christological poem, using aesthetic language to express biblical truth: When the work was accomplished, blood formed a creek./ Grace from the west was thousand feet deep./ He who lowered himself for us stepped on the midnight trip./ Before the rooster crowed twice, betrayed thrice was He./ Five hundred slashes torn every inch of his skin./ Two theives at six feet high hanged besides him./ The sadness was greater than anything seen by anyone./ This poem is for You, the Holy one“.

Como sabemos, el Papado puso fin a esta integración de confucianismo en primer grado, de taoísmo en segundo grado y de budismo en el último (ya que era la religión más despreciada por la intelectualidad, a pesar de que por sus ceremonias y su monaquismo podía ser aprovechada fácilmente por los católicos: dicho sea de paso, tan mala fama tenían los monjes y monjas budistas en China como burlas suscitaban sus colegas católicos en Europa), que ya había sido iniciada por el obispo Alopen (quizá forma china de Abraham), quien llegó a la corte de Taizong en el año 635 y se dio, a lo que parece, al sincretismo, como demuestran los llamados Jesus-sutras, que se le atribuyen, y las obras de arte que se relacionan con los frutos de su predicación, como, siempre siguiendo las informaciones recogidas por K. K. Yeo (ibidem, loc. cit.): “On the top of the Nestorian tablet found in Xian in 1652, there is a carving of two dragons holding a pearl, a cross (not a crucifix) that surmounts a lotus (the emblem for Buddhism), and a cloud (the emblem for Daoism), but a text on it reads, He hung up in the shining sun in order to triumph over the realm of darnkness“.

foto privada de Dharmawheel

Sin embargo, no se deben a un deseo intelectual de integración sino a la persecución los estrafalarios objetos artísticos japoneses que pueden verse en lugares tan dispersos como el Museo de las Culturas Asiáticas de Singapur (una cruz con un Buda en su centro), pero especialmente en la colección mostrada por Renzo Sawada, hija de un Mitsubishi y esposa de un embajador en Francia, a la revista Life el 25 de marzo de 1943, con velados fines propagandísticos (la libertad para los japoneses de usar cruces sin tener que esconderlas en “ídolos” budistas llegó con los americanos, con el Comodoro Perry).

[En el tiempo en el que tarda en reaccionar mi ordenador, que se congela cada dos por tres, para tomar las citas de otras ventanas abiertas, me dan ganas de hacer lo que hace el pésimo traductor Julio Gómez de la Serna, en su introducción a las Obras completas de Oscar Wilde, que es dejar al lector y salir a fumarme un pitillo: lo único que ocurre es que no fumo, así que desistiré y seguiré de memoria].

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Igualmente esconder una religión, y no fusionarse con otra, era lo que perseguían los crucifijos con forma de martillo de Thor (que, además, al ser percibidos con esta forma, exigían la inversión de la cruz, como la de San Pedro y, de ahí, del Anticristo) y otras extravagancias en materia de cruces o crucificciones que se hallan en el Museo Nacional de Islandia, junto a un molde del Museo Nacional de Dinamarca del que salían tanto cruces como martillos.

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Mayor dificultad ofrece la cruz en África y, especialmente en América, donde se usaba como símbolo previamente a la Conquista sin que nos quede claro lo que simbolizaba. También es peligroso confundir el Árbol de la Cruz con el Árbol de la Vida, símbolo que sin duda existe como tal en Mesoamérica. Y es que aquí nos damos con un serio problema: ¿qué significa la cruz en cada lugar y para cada persona?, pregunta no tan fácil de responder como demuestran, sólo para el caso de la Mongolia interior, las muchas teorías recogidas por Tjalling H. F. Halbertsma, Early Christian Remains of Inner Mongolia: Discovery, Reconstruction and Appropriation, Brill (no cito la ciudad porque ya sabemos el cachondeo que se trae Brill con eso), 2015, 2ª ed. En el caso de las cruces gamadas que aparecen tanto en espacios judíos (en los que hay, además, escritura arábiga, usada por los cristianos, y estrellas de David, también usadas, aunque menos, en el arte islámico, al igual que la mano de Raquel es allí la mano de Fátima) como sacros cristianos (manteles de misa, hornacinas y peanas para la Virgen) en los manuscritos de las Cantigas de Alfonso X el Sabio, sabemos que son meros motivos decorativos, desprovistos de su significado solar, en tanto que en la mitra que aparece en Aleksandr Nevsky de Eisenstein se aprovecha este uso medieval tan frecuente como una clara referencia al III Reich. Las reinterpretaciones son constantes, e incluso los gustos: la estética que el Papado condenaba en el pasado es hoy oficial, como se queja Foro Católico y otras páginas sedevacantistas y cismáticas que le sirven de espejo como Alerta Irreligión, que reproduce este texto con el título Crucifijos malos de la secta del Vaticano II, lleno de absurdas erratas que dejaremos tal cual, en espera de ver el original, y acompañado de una franja de comentarios no necesariamente relacionados tales como “¡Putos judíos!”: “Emi ac Rmi Dominios Cardinales de rebus fidei et morum Generales Inquisitores, en sesión ordinaria consessu habito iv feria, día 23 februarii 1921, publice declarandum censuerunt: sacras Imagina cuiusdam novas scholae pictoricae , Quarum ejemplar del folleto en el que exhibetur titulus: La Passion de Notre-Seigneur Jésus-Christ par Cyril Verschaeve (ornee de composiciones de Albert Servaes. Bruxelles et Paris. Librairie Natio-nal d’art et d’histoire et G. van Oest allí y Editeurs, 1920), a praescriptum canonis 1399, n. 12, prohiberi ipso jure ideoque STATIM removendas que se ab Ecclesiis, Oratoriis, etc, en inveniantur quibus fuerte expositae . Et insequenti feria v, d 24 mensis eiusdem et año, Sanctissimus DN Papa Benedicto XV, en Providentia divino usual audientia Consejeros S. RPDOfficii impertita, relatam sibi Emorum Patrum resolutionem approbavit, mandan a quos spectat eam ut et servent preservar faciant. Datum Romae, ex S. aedibus Officii, el día 30 Martii 1921. A. Castellano, supremae SCS Off Notarius”.

cantiga

Aunque la verdadera pregunta sería: ¿qué importa más, la Cruz o el Crucificado? Para mí, es importante ver si el Cristo es un ornamento en la Cruz o es la Cruz lo que orna al Cristo: en los casos en los que los elementos de otras religiones rodean o sirven de base a la Cruz, aunque sea sin Crucificado, como las cuevas taoístas o budistas para escenas de Pasión y Natividad en China, o las cabras de Thor en las iglesias alemanas, o la cruz mexicana de la Catedral de Palencia, e incluso en la extrañísima cruz del Centro de Meditación Bodhi Zendo del jesuita Jeyaraj, lo que importa es el Crucificado que se alza sobre las antiguas creencias. Cuando la Cruz, sin embargo, sufre una deformación que la adapta a otro símbolo, es claro que el Crucificado está sólo para disfrazar esta otra creencia, como en el caso del Martillo de Thor del Museo Nacional de Dinamarca (y de piezas similares preservadas en su lugar de origen, Suecia, aunque un amuleto en forma de martillo recogido en Yorkshire, con una inscripción uncial con cruces, hace pensar que en ese caso sí se daba verdadero sincretismo, si no prioridad a lo cristiano) y, por supuesto, el Cristo comunista de Espinal. Si la Cruz de Carabuco era, evidentemente, una cruz sin Crucificado, la Cruz Parlante que daba órdenes en el pueblecito de Chan Santa Cruz, reconocido como Estado independiente por Inglaterra, era cruz y no Crucificado, tal como se colige del exhaustivo estudio de Nelson Reed The Caste War of Yucatan, publicado por la Universidad de Stanford en 1964.

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Porque, en el caso de la Teología de la Liberación, no tenemos sino el intento  de defender novedades, que en realidad son muy paganas y muy arcaicas, como dije en La barbarie comunista, en esta misma revista, bajo las faldas de la tradición, aunque sean las de los curas, si bien los teólogos de la Liberación llevan pantalones, herederos de esas bragas del General Cecina que en el Imperio romano, hasta su fin (hasta el fin del Imperio romano de Oriente) llevaban los campesinos y obreros (vraka), a diferencia de las ropas talares de los curas. Eso sí, en nuestros días, el estrafalario jesuita danzarín Saju George (que alguna vez ha actuado en templos en los que su táctica evangelizadora muestra franca disconformidad con los métodos e instrumentos de otros cristianos del pasado, como se aprecia a mano derecha del espectador en la fotografía que reproducimos), y otros muchos en la india, llevan faldones y dhotis en un ejercicio de aculturación que no sé hasta qué punto preserva el hinduismo, pero desde luego mucho menos que el sacrificio que hizo el Cardenal Tauran en el Templo Hindú de Londres: muchos cristianos murieron por no sacrificar a los ídolos y por no comer a lo sacrificado a los ídolos, y yo tuve escrúpulos morales por comer lo sacrificado a Balarama (unos pastelillos de arroz bastante simpáticos) y darme cuenta a posteriori de que había hecho algo condenado por San Pablo (por otro lado, una lectura firme del Deuteronomio, 22, 5, impediría que las mujeres llevaran pantalones) para que ahora el Cardenal Tauran nos salga con esto, que sería como acercar los presos de ETA porque sí después de haberse negado el gobierno durante tanto tiempo y con tantas víctimas (y probablemente con tan poca razón).

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Los griegos, en efecto, miraban lo de llevar pantalones (y ser gobernados por mujeres, y no beber vino, y tantas otras cosas) como cosa de bárbaros. Sin embargo, los de ahora los llevan todos. Es una cosa de las muchas en las que se diferencian los griegos de ahora de los de la Grecia clásica, tan aclamada por los defensores de Tsipras, en detrimento de Alemania, sobre la que se vierten las clásicas calumnias habituales desde la propaganda de la I Guerra Mundial, empezando por el chovinista disfrazado de progresista Piketty, famoso por un libro lleno de datos erróneos y que anda diciendo que Alemania no paga nunca sus deudas y que no es quién para dar lecciones a nadie, cuando terminó en 2010 de pagar los intereses de las abusivas reparaciones de guerra de la I Guerra Mundial, causa, en gran parte, de la II. Aunque eso tampoco es exactamente cierto: más allá de vengar las humillaciones impuestas por el bigotazo de Clemenceau, que a su vez vengaban las humillaciones impuestas por el bigotazo de Bismarck tras la Guerra Franco-Prusiana, y de vengar que los domingueros franceses se pusieran como el chico del esquilador en las mejores pastelerías alemanas, como vio Hemingway, la II Guerra Mundial hunde sus raíces en la corrupción y mala gestión de los programas de recuperación económica por otro bigotazo, el de Hindenburg, y sus esfuerzos por taparlo todo y seguir trincando.

Errores siempre, pero también calumnias y más calumnias, enormemente malintencionadas contra el pueblo alemán (no menos engañable que otros, y no menos despreciable cuando se aprovechó del engaño que los negreros belgas o los moros de Juin, a los que nadie pide cuentas), en las que no faltan excepciones a la Ley de Godwin, concedidas por los tertulianos y apologetas que tan prestos acuden a esgrimirla en otras circunstancias.

La buena prensa

Pero, si vamos a las listas de griegos a los que los alemanes y todos debemos dar las gracias, y que han surgido como respuesta a la afirmación del gran Eduardo Mendoza de que, desde que murió Aristóteles, los griegos no han dado un palo al agua, veremos que los griegos de hoy no es que se diferencien de los de antes, es que nosotros somos más griegos que ellos. Muchos de esos grandes filósofos, reyes, artistas y literatos nacieron, realmente, en lo que hoy es España, Italia, Turquía, Egipto, Albania, Túnez, Bulgaria y, ya saliéndonos de esas listas, porque los helenistas suelen ser bastante ignorantes de estas figuras, el Cáucaso, como el rey Menandro, que nunca pisó la Hélade y cuya ciudad ancestral aparece en los textos budistas como Alejandría, y ni siquiera precisamente la de Egipto, sino una de las más orientales, o la India, o incluso la costa swahili, a donde llegaban y se establecían los mercaderes griegos. En cambio, en Grecia nacieron el pirata Barbarroja (hubo más piratas griegos que filósofos griegos, al menos en el territorio actual: es absurdo suponer una nación compuesta mayoritariamente de filósofos, especialmente cuando sabemos que la mayoría de ellos fue perseguida, condenada y a veces ajusticiada por sus compatriotas, que los ganaban en número) y el líder Atatürk, porque también hay griegos que son turcos.

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Los griegos fueron un pueblo de navegantes y comerciantes, y que se establecieron por todo el Viejo y, cuando se descubrió, el Nuevo, como los judíos o los armenios. Sólo el profundo desconocimiento de la Antigüedad puede hacer de los dispersos griegos del pasado un argumento para que les demos las gracias y les condonemos toda deuda a los descendientes de los bigotudos y culturalmente otomanizados griegos de la independencia. Aunque no sólo recibieron influencia otomana: también adoptaron de los albaneses (si bien la prenda era más antigua) la fustanela o falda que acabó incluida en el atuendo nacional griego merced a la invención de la ¡helenísima! pareja real de Otón I de Wittelsbach y Amalia de Oldenburg, que incluía, para los hombres, unas gruesas medias cuya textura y futuro acompañamiento de borlas distaba bastante de las grebas de los aqueos con las que, sin duda, se perseguía una identificación. En las siguientes imágenes lo podemos ver como el alemán que era, antes, y después con el disfraz de griego que se inventó, y que tanta aceptación tuvo, ya que los soldados que hacen guardia frente a las más altas instituciones del Estado griego siguen llevando esa ridícula faldita, aunque más corta, por aquello de que hay más libertad.

Prinz_Otto_von_Bayern_Koenig_von_Griechenland_1833King_Otto_of_Greece¿Qué les diría yo a los griegos que piden solidaridad? Los antiguos egipcios tenían fama de fanfarrones, como se ven en el papiro de Sinuhé y otras historias. Eso estaba bien cuando hacían pirámides, pero que lo sigan siendo ahora es intolerable. “Nuestro pueblo merece respeto porque construíamos pirámides mientras vosotros vivíais en ciénagas”. “Muy bien, pues hazme una pirámide, campeón. ¿O no puedes, machote? Venga, que luego tengo que irme a ver bolivianos edificando muros ciclópeos”. Pero lo que ya no se puede sufrir es que los griegos vengan con la misma monserga, cuando no han hecho una pirámide decente en toda su historia. Cuando estaban invadidos y sodomizados por los otomanos, vale, todavía, pero lo de ahora es sólo culpa suya. No haberse dejado robar, como diría Max Stirner. Que cuelguen a Papandréu por los adminículos masculinos hasta los que nos tienen semejantes afirmaciones y que lo agiten hasta que caiga la última dracma, y que dejen de lloriquear sobre hombros revestidos de pañuelo palestino. Aplicáramos lo mismo con Felipe González y la vasta familia del PPSOE (IU/PNV-CIU), y veríamos lo rápido que nos volvíamos solventes.

Porque el latrocinio de una corruptísima socialdemocracia, incoado entre 1981 y 1983 en Portugal (donde los socialistas ya habían ganado en 1975), Francia, España, Italia (donde Bettino Craxi reinstauró la Pornocracia, precedida por los papas del Siglo de Hierro de la Iglesia y continuada muy a su sabor, en su más literal sentido, por Silvio Berlusconi) y Grecia, continuado por unos democristianos más demoníacos que cristianos, es el elefante en el salón, frase cara a sus oradores, que nadie quiere ver, y la verdadera causa de que el sur de Europa esté sufriendo como está sufriendo los embates de la crisis económica generada en EEUU.

Ahora han hablado los expertos, los que sabían del padecimiento del pueblo griego, de la sonrisa de sus niños y del ceño de sus ancianos, de las redes rotas de los pescadores y de las sirenas paradas de las fábricas, y de su necesidad de alzarse y rebelarse y gritar bien fuerte oxi! oxi! oxi!

Lo que no sabían, eso sí, es griego, porque se pronuncia oji, y no oksi, como coreaban ellos en las manifestaciones. De hecho, me pregunto cómo uno de ellos, Íñigo Errejón, se las arregla para escribir no sólo tuits sino libros empleando palabras como hegemonía y populismo cuando demuestra a cada paso no saber griego y no haber leído a Aristóteles sino sólo refritos de Laclau, con lo que desconoce por completo la definición de demagogia del Estagirita y cree que el populismo es una idea misteriosa y mágica nacida de una patata.

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El soberano pueblo griego, que no debía ceder a las presiones de nadie (salvo a las de Krugman y Stiglitz y las asambleas de mujeres progresistas y los sindicatos autogestionarios de Albacete) al final hizo caso a quien debía hacer, y dijo “no” a una oferta que ya se había retirado. Este último truco de preguntar lo que no tiene sentido, como aquel otro lamentable y de vergüenza ajena (a pesar de ser Varufakis un hombre realmente inteligente) de pedir reparaciones de guerra ya pagadas a base de un nuevo cálculo que coincidía sospechosamente con lo adeudado no ha servido sino para que los comunistas acepten un mínimo recorte en el gasto militar y bárbaros recortes en sanidad y pensiones. Lo inteligente habría sido ofrecer a Rusia instalar bases militares, y hacer que la OTAN tiemble, cosa que aún puede hacer Rajoy, pero ¿a quién puede recurrir ya Tsipras? No se puede agarrar, desde luego, a las faldas de Angela Merkel, que, además, como ya le habrá advertido Piketty, tiene un pavoroso parecido con la Alemania del cartel L’Allemagne c’est la guerre. Los judíos, digo, perdón, Alemania, es la causa de todas las guerras.

-Алло, слушаю вас!

-Vladímir, que había pensado que a lo mejor te interesa ponernos unas bases. Unos pepinos nucleares, ya sabes.

-Quizá en otro momento, pero desde que me he anexionado Crimea no me interesa hacer inversiones con poco futuro. Lo que sí puedo hacer es venderos gas y matrioskas. ¿Queréis gas?

-Merhaba, aquí Erdoğan, ¿quién es?

-Hola, Erdoğan, soy Tsipras, llamaba por si queréis…

-¿Que os anexionemos?

-Mierdita.

-Perdona, Bujar, ¿has querido decir mirëdita, no? Me has saludado en albanés.

-No, que mierdita para ti.

reuters

Así las cosas, lo único que le queda a Tsipras, por tanto, es bajar los pantalones o arremangar la falda típica al contribuyente griego, y poner en práctica, entre los aplausos de la concurrencia (como enseña la foto de la Agencia Reuters), una de las aficiones atribuidas a una escasa y elitista porción de la sociedad griega de otros tiempos, la de los filósofos y políticos, pero no extendida entre el pueblo llano. Así, mientras Tsipras el Valiente sodomiza económicamente a sus votantes, las faltriqueras de la poderosa clase a la que ha entrado por la puerta grande, rompiendo las murallas, seguirán llenándose, mientras que las faldas talares de la religión sincrética de Evo Morales seguirán protegiendo, en la lejanía, su sagrada misión, como las de los venerables patriarcas ortodoxos y los doctores de Harvard bendecían la de Papandréu.

Prime_Minister_of_Greece_George_Papandreou_taking_his_Oath_of_Office_-_2009Oct06

José María Bellido Morillas 

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