¿Libertad para qué?

Siempre he pensado que Madrid es una ciudad perfecta para vagabundos, como, según Lenin, Londres lo era para los conspiradores, y que la Plaza Mayor es un espacio donde estar al sol por horas indefinidas sin ninguna obligación. Nada que ver con la Barcelona de Joan Clos, que empezó a instalar brazos curvos en los bancos públicos, incómodos para todos, sin otra finalidad que evitar que los vagabundos durmieran en ellos. Poco faltó para que se le hiciera llegar una propuesta del banco sin asiento ni respaldo, sólo con filosa armazón, para favorecer la incomodidad de todos los ciudadanos, pudientes o no, empadronados o sin techo; o para que alguien le recordara la magnífica silla china preservada en el Wellcome Institute, que sin duda podría dejar en muy buen lugar al Ayuntamiento de Barcelona en la disputada carrera de las más importantes ciudades del mundo por torturar a los transeúntes e indigentes.

wellcomechairSin embargo, descubrí en la Estación de Atocha un hecho que me obligó a escribir a varios departamentos e instancias de ADIF la carta siguiente:

Estimados Sres.:
 
He asistido hoy a una escena vergonzosa en la Estación de Atocha. Unos empleados de Prosegur despertaban a personas que, en posición sedente y sin suponer una molestia para nadie, dormían en los bancos próximos al jardín botánico de la estación, en algunos casos a base de darles con el pie. Si alguno de ellos mostraba su lógica oposición ante tal comportamiento de los empleados, estos se dedicaban a mirarlo con actitud chulesca y amenazante durante un buen rato, intentando conseguir no sé qué reacción.
 
Me he dirigido a Información para requerir que se me indicara la legislación en virtud de la cual los empleados de Prosegur se creen facultados para actuar de esta forma. Se me ha remitido a uno de estos empleados, que se ha negado a facilitarme dicha información alegando que se trata de protocolos de seguridad que no pueden ser revelados al ciudadano. Ha insistido en que si no me veía afectado por dicha normativa que, según él, debía permanecer secreta, no tenía derecho a quejarme; que sólo afectaba a indigentes, y que yo no era uno de ellos; y que donde yo me había sentado era una zona “donde se sientan indigentes”; estableciendo, por tanto, en primer lugar, una diferencia entre “indigente” y “ciudadano” y retirando unilateralmente los derechos al primero; olvidando, en segundo lugar, que ADIF, RENFE y el jardín botánico deAtocha se mantienen con dinero público, que dicho jardín se hizo para disfrute público y que todo tipo de público tiene derecho a hacer uso de él; y considerando, en último lugar, una actividad nociva para la seguridad pública cerrar los ojos y entrar en un estado diferente de conciencia.
 
Naturalmente, dormir al volante se entiende que sea una falta grave, pero me gustaría saber en qué número del BOE, y con qué exposición de motivos, se explica que cerrar los ojos en un banco de un edificio pagado y mantenido con dinero público merezca un puntapié y un tratamiento hostil por parte de empleados uniformados y armados. Yo me he dormido en trenes, autobuses, edificios de Hacienda, universidades, bibliotecas, ayuntamientos y plazas públicas, y nunca nadie ha venido a darme con el pie ni espero que lo haga. Conozco a gente más importante que yo que se ha dormido en lugares aún más importantes, también sin ser molestado. S. M. el Rey, como es bien sabido, no ha dejado de hacerlo. Me pregunto seriamente por qué según sus normas (y qué normas) dormir sin tener a cargo maquinaria peligrosa es una conducta nociva, y para quién.
 
En suma: me parece que ADIF, obligando a Prosegur a seguir semejante normativa secreta, y por lo que se manifiesta de dicha normativa secreta, viola la Constitución en sus art. 14, por hacer distinción entre indigentes y el resto de los ciudadanos en la aplicación de derechos, y 16, al constituirse en una especie de policía del pensamiento que molesta y apremia a los ciudadanos (indigentes o no) a declarar si están durmiendo, meditando, muriéndose o lo que quiera que estén haciendo, sentados, sin ocupar más espacio que otro ciudadano y sin molestar a nadie. Más molesta, en todo caso, el olor de las personas que, indigentes o no, permanecen mucho más tiempo en Atocha que el que permitirían unos horarios mejores y mejor publicitados (la inutilidad de la página de RENFE es proverbial). Por eso creo que invertirían mejor el dinero instalando duchas públicas, como las hay en Alemania (país cuya página de ferrocarriles suelen usar los españoles para consultar sus propios horarios, dada la ineficacia de RENFE) que pagando a empleados de seguridad que se pasean valientemente en pareja despertando a indigentes mientras que en los cuartos de baño se practica la prostitución masculina a la vista de todos.
 
Como esta mañana se han ido pasando la pelota unos a otros, escribo a las tres direcciones a las que puede corresponder la respuesta sobre estas deficiencias de gestión, y la espero de una de ellas o de las tres. Tanto si la tengo o no la tengo, haré que trascienda a los medios y promoveré la máxima difusión de este problema, que entiendo un atentado contra las libertades fundamentales, a través de la Asociación que presido. No a todos nos vale el argumento de “si usted no es indigente, no veo qué le tiene que importar”.
 
La única respuesta que obtuve, a todas luces insuficiente, fue esta, enviada, sin firma, desde comunicacionweb@adif.es:
 
En relación a su correo le comunico que ha sido derivado al Departamento de Código Ético (perteneciente a la Subdirección de Comunicación Interna y Reputación), hacia el que entiendo clama su e-mail, para su gestión correspondiente. 
Atentamente,
 
Es lógico que las cosas anden trastocadas en un mundo en el que la ética pertenece a la reputación y no al revés. Por mi parte digo: si no hay libertad para dormirse donde a uno le plazca, y tanto más si es un lugar público, no habrá que preguntar, como Lenin a Largo Caballero, ¿Libertad para qué?, sino ¿Qué libertad?
 
Only_were_to_be_seen_the_policemen,_flashing_their_dark_lanterns_into_doorways_and_alleys
 
José María Bellido Morillas

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